Avui es parla de Ramon Vinyes

M'han avisat d'aquest comentari a Caña Santa, Revista sobre arte y literatura  latinoamericana.

 

 

La Cueva y el tesoro de la amistad
 


Por: Paul Brito Ramos


 
 

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La Cueva fue un bar de cazadores que terminó bajo la mira de los intelectuales, donde se reunía el llamado Grupo de Barranquilla: el grupo donde se forjó el Nobel de literatura Gabriel García Márquez, además de otros valores de la literatura y las artes colombianas, y que apadrinó en un comienzo el librero y escritor catalán Ramón Vinyes. Desde hace unos años, el lugar reabrió sus puertas como bar, restaurante, fundación, centro cultural y museo, a raíz de la trascendencia que obtuvo en Colombia un libro de crónicas del escritor barranquillero Heriberto Fiorillo en torno a ese bar ya mítico.

 


Gabo y los camajanes de La Cueva

Aunque García Márquez por lo general estaba ausente en los años de La Cueva (1954-1970), siempre estaba enviando saludos al grupo y haciéndole guiños en sus libros. Algunos “camajanes de la Cueva” –como los llamó en Los funerales de la Mamá Grande– fueron inmortalizados en las últimas 80 páginas de Cien años de soledad. Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas son los discutidores que emergen con fuerza nostálgica en estas páginas, aunque aparezcan sólo sus nombres de pila. Vinyes es el sabio catalán.

Por esa época Gabo siempre estaba expresando su deseo de volver: “Cuando termine este libro, me voy para Barranquilla donde nadie le pone bolas a nadie, donde va el presidente y al primer día lo atienden pero al tercero ya ni le fían, y no escribo más”. Entonces pedía que le reservaran un sitio de por vida en La Cueva y confesaba que todo lo que había escrito era “para que sus amigos lo quisieran más”. Urbano Serrano, contemporáneo del escritor, me señaló el verdadero problema existencial de Gabo: “Lo que pasa es que Gabito se amaña donde no está”.

 

Catalanes barranquilleros

Además de Vinyes, que murió en Berga antes de asistir por primera vez a La Cueva, había otros catalanes y descendientes de catalanes en el grupo. Uno de ellos era el librero y cineasta catalán Luís Vicens, que le da el nombre a la sala de proyección de La Cueva y que filmara a las afueras de la ciudad una insólita película junto con otros integrantes del grupo: La langosta azul. Entre estos integrantes estaba Enrique Grau, célebre pintor cartagenero de claro apellido catalán, a quien casi le arranca una mano un caimán que estaba amarrado en el patio de La Cueva, mientras aquel se mecía tranquilamente en una hamaca.

El mismo Alejandro Obregón, uno de los mejores pintores que ha dado Colombia, nació en Barcelona, de madre catalana y padre barranquillero, pero se fue a vivir a Barranquilla desde los cuatro años. Precisamente a él se refieren unas huellas enormes, bajo unos marcos de vidrio, que sorprenden al visitante en la entrada y que rememoran la vez que no lo dejaron entrar porque ya era muy tarde y La Cueva estaba cerrada. Inconforme con la negativa, sobornó al domador del circo Egred Hermanos que estaba instalado cerca de ahí y se presentó en la puerta con un elefante. Ante tan enorme razón, no hubo más remedio que abrirle. Al final amaneció bebiendo hasta el animal.

Al sitio llegaban antaño artistas, personalidades y escritores ilustres, fascinados por la exuberancia, la creatividad y la vitalidad que se respiraba en el lugar: Fernando Botero, Julio Mario Santodomingo, Rafael Escalona, Leon de Greiff, eran algunos de ellos. “Era mi primera experiencia con el Caribe –relata su encuentro con el grupo el pintor valenciano Juan Antonio Roda en el libro de Fiorillo–, con esa forma exagerada de hablar, con esa desmesura. Y gente muy cálida, muy querida”.

 
 


Los cuentos de La Cueva

Sobre el dintel de la puerta principal, se rescató una advertencia conciliadora o revoltosa, según como se quiera ver: Aquí nadie tiene la razón, que resume el espíritu amplio y desparpajado del grupo. Ya en el interior uno se topa con una extraña escotilla de submarino empotrada en la pared, que reproduce la verdadera historia del ahogado: la que inspiró al maravilloso cuento El ahogado más hermoso del mundo de García Márquez; el guión El ahogado de Cepeda Samudio que aparece en Los cuentos de Juana; el intento de película de Obregón sobre un pintor que pinta al ahogado y el cuento El ahogado que nos traía caracoles que nadie se atrevió a escribir, porque con semejante título ¿a quién se le va a ocurrir remojarlo?

Gabo relata así la historia original: <<De pronto Obregón lo vio: estaba sumergido hasta la coronilla, casi sentado dentro del agua, y lo único que flotaba eran las hebras errantes de su cabellera. “Parecía una medusa”, me dijo Obregón. Agarró el mazo de pelos con las dos manos y, con esa fuerza descomunal de pintor de toros y tempestades, sacó al ahogado entero, con los ojos abiertos, enorme, chorreando lodo de anémonas y mantarrayas, y lo tiró como un sábalo muerto en el fondo del bote>>.

En otro rincón relumbra un arcón de hielo: un baúl abierto cuyo interior es un témpano refulgente de luz azul. Es la manera de homenajear el comienzo de Cien años de soledad, que a su vez homenajea el invento más valioso que se ha llevado a tierra caliente. “Está hirviendo”, dijo Aureliano Buendía cuando lo tocó por primera vez.

En el centro de la Cueva se conserva el único mural del lugar: La mujer de mis sueños de Alejandro Obregón. La imagen tiene dos picotazos de carabina que le propinó un amigo de Obregón, como venganza a una de sus muchas bromas pesadas. Alejandro, que era capaz de voltear la carne de la parrilla con el mejor de sus cuadros, se negó a restaurar el mural porque “ahora esos tiros forman parte de él”.

Un buen ejemplo de esas bromas pesadas fue la vez que se comió un grillo que había amaestrado laboriosamente el Chef de la Cueva, Fidel Movilla. El pacopaco había aprendido a bailar, a saltar sin mover las alas y a fingir quedarse dormido. Después de la función, Obregón no tuvo reparo en cerrar el espectáculo con el telón de sus labios, ante la mirada escandalizada del amaestrador y la sorpresa de los demás.

Me siento en el restaurante, que está adornado con pinturas de Orlando Rivera, Juan Antonio Roda, Noe León y Alfonso Melo, nombres notorios asociados al grupo, y leo en el libro de Fiorillo que Orlando Figurita Rivera era, según palabras de Germán Vargas, “un ser extraordinario, de una vitalidad y una vivacidad que no se encuentran fácilmente. Uno de esos talentos naturales que suelen darse, con cierta frecuencia, entre las gentes de la Costa colombiana”. Fue un artista amado por las dueñas de los burdeles que le pagaban con trago y pasión los murales con los que adornaba sus paredes. A una de ellas, Rosita Mosquera, su amante oficial, la reprodujo con una cayena roja en la oreja, en su cuadro quizá más bello: La mujer de la Arrebatamachos, que es el apodo de esta flor.

Murió un sábado de carnaval, como él mismo había deseado expresamente, disfrazado de mujer al precipitarse de una carroza que había construido él mismo y que, según los que pudieron verla, era la carroza más bella del mundo. “Se parecía tanto a un carro celestial –dijo un testigo–, que se llevó al mismo Figurita”.

 
 


La irrupción de Álvaro

Le eché un vistazo al menú y elegí de entrada un Ñamiñame, que es un cremoso mote de queso regional. De plato fuerte pedí El cuadro, un filete de pescado fresco en salsa de leche de coco y otras frutas tropicales, inspirado en los colores de Obregón, aunque sin grillos. Para ir picando, pedí unos Patacones marinos, “doce crujientes patacones de guineo verde –se lee en el menú– que sirven de apetitosas balsas al ceviche de corvina, los camarones despiertos, los calamares sabios y el pulpo al ajillo”.

Mientras degustaba la comida, quise olvidarme un rato de los cuentos de La Cueva. Pero de pronto me acordé de algo. Recordé que en el momento más álgido de La increíble historia de la cándida Eréndida y su abuela desalmada, Gabo interrumpe repentinamente la narración para hablar de Álvaro Cepeda Samudio: “Me llevó en su camioneta por los pueblos del desierto, con la intención de hablarme no sé qué cosa, y hablamos tanto de nada y tomamos tanta cerveza que sin saber cuándo ni dónde atravesamos el desierto entero y llegamos hasta la frontera”.

Eso era Álvaro: una interrupción violenta, una sacudida ebria en el ambiente, un impetuoso manantial de conversación en el desierto, un vendaval de risa que paralizaba todo lo demás, un viaje imprevisto hasta la frontera, hasta los límites, hasta los extremos.

Cepeda, que era lo más parecido al alma del grupo, volcó toda su fe y su creencia en la Amistad. Era un bárbaro en muchos sentidos. En la generosidad, en la camaradería, en las discusiones, en la literatura, en el periodismo, en la forma de hablar. Murió a los 46 años en pleno furor de su vida y su obra. “En Barranquilla siempre pensamos que iba a llegar más lejos que García Márquez”, me aseguró mi madre.

Apodado “El Nene”, era un hombre arrollador, arbitrario, encantador, delirante, mamador de gallo, desmesurado, parrandero, multifacético. Organizaba galerías, salones internacionales, dirigía un periódico, se daba trompadas con los marineros del muelle, hizo cine, filmó documentales, escribió cuentos únicos, conquistó a las mujeres que le dio la gana, fue la mano derecha del empresario más rico del país.

En el epígrafe de su libro póstumo Los cuentos de Juana, citó una frase de William Blake que podía ser su lema o el lema de La Cueva: “El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”. Lo que podría ser cierto si no fuera porque “en La Cueva nadie tiene la razón”, ni siquiera el que dijo esto.

 
 
*** 
 
 
 
 

Sobre el Autor
*Paul Brito Ramos (Barranquilla, 1975). Fundador del periódico impreso Mundo Hispano, pionero de los periódicos latinoamericanos en España y uno de los más influyentes y leídos. Editor de su sección de Cultura. Columnista y editorialista de este medio. Colabora habitualmente en El Heraldo de Barranquilla y en la revista literaria Clarín de Oviedo. Ha colaborado también en otras publicaciones, como: Magazín de El Espectador (Colombia), Malabia de Uruguay; Lateral, Animal Sospechoso y El Ciervo de Barcelona, y La Revista de Rubí. Estudió Ingeniería Industrial e hizo un postgrado de “Procesos Editoriales” en la Universitat Oberta de Catalunya. Ha ganado varios concursos literarios, el último fue: el Primer Puesto XV Concurso Internacional de Cuentos Noble Villa de Portugalete (Vizcaya, España).

[@more@]



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Por: Paul Brito Ramos


 
 

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La Cueva fue un bar de cazadores que terminó bajo la mira de los intelectuales, donde se reunía el llamado Grupo de Barranquilla: el grupo donde se forjó el Nobel de literatura Gabriel García Márquez, además de otros valores de la literatura y las artes colombianas, y que apadrinó en un comienzo el librero y escritor catalán Ramón Vinyes. Desde hace unos años, el lugar reabrió sus puertas como bar, restaurante, fundación, centro cultural y museo, a raíz de la trascendencia que obtuvo en Colombia un libro de crónicas del escritor barranquillero Heriberto Fiorillo en torno a ese bar ya mítico.

 


Gabo y los camajanes de La Cueva

Aunque García Márquez por lo general estaba ausente en los años de La Cueva (1954-1970), siempre estaba enviando saludos al grupo y haciéndole guiños en sus libros. Algunos “camajanes de la Cueva” –como los llamó en Los funerales de la Mamá Grande– fueron inmortalizados en las últimas 80 páginas de Cien años de soledad. Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas son los discutidores que emergen con fuerza nostálgica en estas páginas, aunque aparezcan sólo sus nombres de pila. Vinyes es el sabio catalán.

Por esa época Gabo siempre estaba expresando su deseo de volver: “Cuando termine este libro, me voy para Barranquilla donde nadie le pone bolas a nadie, donde va el presidente y al primer día lo atienden pero al tercero ya ni le fían, y no escribo más”. Entonces pedía que le reservaran un sitio de por vida en La Cueva y confesaba que todo lo que había escrito era “para que sus amigos lo quisieran más”. Urbano Serrano, contemporáneo del escritor, me señaló el verdadero problema existencial de Gabo: “Lo que pasa es que Gabito se amaña donde no está”.

 

Catalanes barranquilleros

Además de Vinyes, que murió en Berga antes de asistir por primera vez a La Cueva, había otros catalanes y descendientes de catalanes en el grupo. Uno de ellos era el librero y cineasta catalán Luís Vicens, que le da el nombre a la sala de proyección de La Cueva y que filmara a las afueras de la ciudad una insólita película junto con otros integrantes del grupo: La langosta azul. Entre estos integrantes estaba Enrique Grau, célebre pintor cartagenero de claro apellido catalán, a quien casi le arranca una mano un caimán que estaba amarrado en el patio de La Cueva, mientras aquel se mecía tranquilamente en una hamaca.

El mismo Alejandro Obregón, uno de los mejores pintores que ha dado Colombia, nació en Barcelona, de madre catalana y padre barranquillero, pero se fue a vivir a Barranquilla desde los cuatro años. Precisamente a él se refieren unas huellas enormes, bajo unos marcos de vidrio, que sorprenden al visitante en la entrada y que rememoran la vez que no lo dejaron entrar porque ya era muy tarde y La Cueva estaba cerrada. Inconforme con la negativa, sobornó al domador del circo Egred Hermanos que estaba instalado cerca de ahí y se presentó en la puerta con un elefante. Ante tan enorme razón, no hubo más remedio que abrirle. Al final amaneció bebiendo hasta el animal.

Al sitio llegaban antaño artistas, personalidades y escritores ilustres, fascinados por la exuberancia, la creatividad y la vitalidad que se respiraba en el lugar: Fernando Botero, Julio Mario Santodomingo, Rafael Escalona, Leon de Greiff, eran algunos de ellos. “Era mi primera experiencia con el Caribe –relata su encuentro con el grupo el pintor valenciano Juan Antonio Roda en el libro de Fiorillo–, con esa forma exagerada de hablar, con esa desmesura. Y gente muy cálida, muy querida”.

 
 


Los cuentos de La Cueva

Sobre el dintel de la puerta principal, se rescató una advertencia conciliadora o revoltosa, según como se quiera ver: Aquí nadie tiene la razón, que resume el espíritu amplio y desparpajado del grupo. Ya en el interior uno se topa con una extraña escotilla de submarino empotrada en la pared, que reproduce la verdadera historia del ahogado: la que inspiró al maravilloso cuento El ahogado más hermoso del mundo de García Márquez; el guión El ahogado de Cepeda Samudio que aparece en Los cuentos de Juana; el intento de película de Obregón sobre un pintor que pinta al ahogado y el cuento El ahogado que nos traía caracoles que nadie se atrevió a escribir, porque con semejante título ¿a quién se le va a ocurrir remojarlo?

Gabo relata así la historia original: <<De pronto Obregón lo vio: estaba sumergido hasta la coronilla, casi sentado dentro del agua, y lo único que flotaba eran las hebras errantes de su cabellera. “Parecía una medusa”, me dijo Obregón. Agarró el mazo de pelos con las dos manos y, con esa fuerza descomunal de pintor de toros y tempestades, sacó al ahogado entero, con los ojos abiertos, enorme, chorreando lodo de anémonas y mantarrayas, y lo tiró como un sábalo muerto en el fondo del bote>>.

En otro rincón relumbra un arcón de hielo: un baúl abierto cuyo interior es un témpano refulgente de luz azul. Es la manera de homenajear el comienzo de Cien años de soledad, que a su vez homenajea el invento más valioso que se ha llevado a tierra caliente. “Está hirviendo”, dijo Aureliano Buendía cuando lo tocó por primera vez.

En el centro de la Cueva se conserva el único mural del lugar: La mujer de mis sueños de Alejandro Obregón. La imagen tiene dos picotazos de carabina que le propinó un amigo de Obregón, como venganza a una de sus muchas bromas pesadas. Alejandro, que era capaz de voltear la carne de la parrilla con el mejor de sus cuadros, se negó a restaurar el mural porque “ahora esos tiros forman parte de él”.

Un buen ejemplo de esas bromas pesadas fue la vez que se comió un grillo que había amaestrado laboriosamente el Chef de la Cueva, Fidel Movilla. El pacopaco había aprendido a bailar, a saltar sin mover las alas y a fingir quedarse dormido. Después de la función, Obregón no tuvo reparo en cerrar el espectáculo con el telón de sus labios, ante la mirada escandalizada del amaestrador y la sorpresa de los demás.

Me siento en el restaurante, que está adornado con pinturas de Orlando Rivera, Juan Antonio Roda, Noe León y Alfonso Melo, nombres notorios asociados al grupo, y leo en el libro de Fiorillo que Orlando Figurita Rivera era, según palabras de Germán Vargas, “un ser extraordinario, de una vitalidad y una vivacidad que no se encuentran fácilmente. Uno de esos talentos naturales que suelen darse, con cierta frecuencia, entre las gentes de la Costa colombiana”. Fue un artista amado por las dueñas de los burdeles que le pagaban con trago y pasión los murales con los que adornaba sus paredes. A una de ellas, Rosita Mosquera, su amante oficial, la reprodujo con una cayena roja en la oreja, en su cuadro quizá más bello: La mujer de la Arrebatamachos, que es el apodo de esta flor.

Murió un sábado de carnaval, como él mismo había deseado expresamente, disfrazado de mujer al precipitarse de una carroza que había construido él mismo y que, según los que pudieron verla, era la carroza más bella del mundo. “Se parecía tanto a un carro celestial –dijo un testigo–, que se llevó al mismo Figurita”.

 
 


La irrupción de Álvaro

Le eché un vistazo al menú y elegí de entrada un Ñamiñame, que es un cremoso mote de queso regional. De plato fuerte pedí El cuadro, un filete de pescado fresco en salsa de leche de coco y otras frutas tropicales, inspirado en los colores de Obregón, aunque sin grillos. Para ir picando, pedí unos Patacones marinos, “doce crujientes patacones de guineo verde –se lee en el menú– que sirven de apetitosas balsas al ceviche de corvina, los camarones despiertos, los calamares sabios y el pulpo al ajillo”.

Mientras degustaba la comida, quise olvidarme un rato de los cuentos de La Cueva. Pero de pronto me acordé de algo. Recordé que en el momento más álgido de La increíble historia de la cándida Eréndida y su abuela desalmada, Gabo interrumpe repentinamente la narración para hablar de Álvaro Cepeda Samudio: “Me llevó en su camioneta por los pueblos del desierto, con la intención de hablarme no sé qué cosa, y hablamos tanto de nada y tomamos tanta cerveza que sin saber cuándo ni dónde atravesamos el desierto entero y llegamos hasta la frontera”.

Eso era Álvaro: una interrupción violenta, una sacudida ebria en el ambiente, un impetuoso manantial de conversación en el desierto, un vendaval de risa que paralizaba todo lo demás, un viaje imprevisto hasta la frontera, hasta los límites, hasta los extremos.

Cepeda, que era lo más parecido al alma del grupo, volcó toda su fe y su creencia en la Amistad. Era un bárbaro en muchos sentidos. En la generosidad, en la camaradería, en las discusiones, en la literatura, en el periodismo, en la forma de hablar. Murió a los 46 años en pleno furor de su vida y su obra. “En Barranquilla siempre pensamos que iba a llegar más lejos que García Márquez”, me aseguró mi madre.

Apodado “El Nene”, era un hombre arrollador, arbitrario, encantador, delirante, mamador de gallo, desmesurado, parrandero, multifacético. Organizaba galerías, salones internacionales, dirigía un periódico, se daba trompadas con los marineros del muelle, hizo cine, filmó documentales, escribió cuentos únicos, conquistó a las mujeres que le dio la gana, fue la mano derecha del empresario más rico del país.

En el epígrafe de su libro póstumo Los cuentos de Juana, citó una frase de William Blake que podía ser su lema o el lema de La Cueva: “El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”. Lo que podría ser cierto si no fuera porque “en La Cueva nadie tiene la razón”, ni siquiera el que dijo esto.

 
 
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Sobre el Autor
*Paul Brito Ramos (Barranquilla, 1975). Fundador del periódico impreso Mundo Hispano, pionero de los periódicos latinoamericanos en España y uno de los más influyentes y leídos. Editor de su sección de Cultura. Columnista y editorialista de este medio. Colabora habitualmente en El Heraldo de Barranquilla y en la revista literaria Clarín de Oviedo. Ha colaborado también en otras publicaciones, como: Magazín de El Espectador (Colombia), Malabia de Uruguay; Lateral, Animal Sospechoso y El Ciervo de Barcelona, y La Revista de Rubí. Estudió Ingeniería Industrial e hizo un postgrado de “Procesos Editoriales” en la Universitat Oberta de Catalunya. Ha ganado varios concursos literarios, el último fue: el Primer Puesto XV Concurso Internacional de Cuentos Noble Villa de Portugalete (Vizcaya, España).

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On són els progres?

Carles Capdevila escriu a l'Avui, que la millor contraportada del diari que ha llegit és la titulada On són els progres?, escrita per Albert Om.

Es tracta d'un article del 25 d'octubre de 2005, però llegir-lo precisament ara ens pot fer reflexionar.

Per a aquells que tinguin mandra de buscar-lo, el penjo aquí.

051025diari064.pdf 

[@more@]



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L’Eix desdoblat no malmetrà els boscos de Cercs

Vila Viva, de Cercs, ha reeixit en la seva reivindicació. Finalment, Joaquim Nadal ha assegurat al Parlament que el desdoblament de l'Eix del Llobregat no malmetrà els boscos de la muntanya de Cercs. Segons el conseller,  la via ràpida  que ha d'unir Berga i Bagà  passarà per un viaducte sobre el pantà de la Baells.[@more@]

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Les quatre columnes de Puig i Cadafalch a Montjuïc

Quatre columnes de Puig i Cadafalch
"Congregació multitudinària davant les quatre columnes de Montjuïc.
(Arxiu Mas. Casa Amatller. Barcelona)"
Del llibre Les quatre columnes catalanes,
de Jordi Salat (Llibres de l'Índex, gener de 2005) 

No és la primera vegada que aquest blog parla e les quatre columnes per projectades per Puig i Cadafalch a Montjuïc. En podeu veure imatges a les entrades dels dies 10 de març de 2006, 27 de març de 2006 i 29 de juny de 2006. Ara, per gentilesa de Ramon Felipó, tinc a les mans el llibre Les quatre columnes catalanes, de Jordi Salat, de Llibres de l'Índex, que relata la història d'aquest projecte de l'arquitecte modernista.

Copio:

   "Les quatre columnes catalanes de dos metres de diàmetre i vint metres d'alçada coronades amb capitells d'estil jònic projectades per l'arquitecte Josep Puig i Cadafalch (1867-1956) i aixecades a la muntanya de Montjuïc de Barcelona l'any 1919 van ser enderrocades el 1928 pel general Miguel Primo de Rivera durant la seva Dictadura perquè eren un símbol català i no volia que els turistes i empresaris que havien de venir a Barcelona per visitar l'Exposició Universal de 1929 veiessin l'emblema més significatiu de Catalunya i s'assabentessin de què representaven.

Malgrat les reformes urbanístiques que s'han fet a Barcelona, aquestes quatre columnes no han estat restituïdes.

Les quatre columnes catalanes és la història del projecte i vida d'aquest símbol del patrimoni històric i nacional de Catalunya. Alhora és un record d'allò que una dictadura militar va enderrocar; creiem que una democràcia civil té el deure moral de tornar-ho a reconstruir, tal com demana la Campanya per la reconstrucció de les quatre columnes catalanes de Montjuïc." 

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ERC i CDC: ¿els errors de sempre? 

PREGUNTA DEL MATÍ // PREGUNTA DE LA TARDA // PREGUNTA DE LA NIT

ERC i CDC: ¿els errors de sempre? 

Vam criticar que CiU pactés amb Aznar quan podia haver pactat amb ERC precisament per pressionar Aznar.

Vam criticar que ERC donés dues vegades seguides la Generalitat a un partit no nacionalista ni sobiranista (potser ni catalanista si observem la definició que en fa l'inefable Iceta i el sentit d'algunes votacions del PSC a Madrid), quan podia haver pactat amb CiU, primer per pressionar el PP de Madrid i després per exigir al PSOE de Zapatero.

Ara tothom veu que cal fer alguna cosa perquè el nacionalisme-sobiranisme-catalanisme-independentisme no quedi ofegat per sempre més sota la roda de l'espanyolisme (o l'internacionalisme amb què es disfressa el nacionalisme espanyol triomfant).

I alguns intenten fer coses. Des de la societat civil i des d'alguns partits.

Doncs precisament ara és el moment dels missatges clars i les actituds valentes.

Preguntes

A ERC: Com arribarem al referèndum per l'autodeterminació del 2014, agafats de bracet amb el PSC? Suposant que hi arribéssim (que ja és molt suposar seguint aquest camí), ¿ja heu calculat si el Montilla de torn us deixarà fer propaganda a favor de la independència, o claudicareu al primer toc d'atenció sobre el tema com feu ara sovint i demanareu el vot en contra? ¿Segur, Josep-Lluís Carod-Rovira, que ERC tota sola, o amb el PSC, fa (o farà) que Catalunya avanci cap a l'autodeterminació (ja no diem cap a la independència)? 

A CDC: Això de refundar el catalanisme pot estar molt bé, però, ¿voleu dir que mantenir la federació amb un partit que es declara explícitament no sobiranista és més important que fer passos endavant, ni que calgui tirar el llast que suposa estar federats amb Unió? Si és perquè hi ha unes eleccions a la vista, ¿ja heu pensat que amb l'acta de diputats a la mà alguns dirigents poden provocar la ruptura l'endemà de les votacions? Els sobiranistes d'Unió, que segur que n'hi ha, ¿no esteu convençuts que l'endemà de la ruptura es passaran a la casa comuna (o la causa comuna)? ¿Segur, Artur Mas, que CDC ja ha entès amb qui ha de pactar i a qui ha de pressionar? Deixant de banda l'error del pacte amb el PP i les engalipades del PSC aquí i del PSOE allà, insistim, ¿segur que CDC ja sap qui han de ser els seus companys de viatge?

A tots: ¿No deu haver arribat ja el moment d'unir els esforços de tots els que es consideren nacionalistes-sobiranistes-independentistes, i, cadascú des del seu lloc, caminar decididament cap a l'objectiu comú?    

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Montjuïc durant l’Exposició del 1929

Estadi de Montjuïc durant l'exposició del 1929

(Foto obtinguda a través d'un programa d'intercanvi de fitxers per Internet) 

L'estadi de Montjuïc i el castell durant l'Exposició del 1929. En primer terme, el Pavelló de Suècia. Durant la República es va instal·lar a Berga, on va acollir les colònies escolars de l'Ajuntament de Barcelona. Actualment, s'ha reconstuït a la mateixa ciutat de Berga i és la seu del Casal d'Europa, que presideix el berguedà Jaume Farguell.  

 

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Portabella a l’opsició?

PREGUNTA DEL MATÍ // PREGUNTA DE LA TARDA // PREGUNTA DE LA NIT

Des que Jordi Portabella va fer la seva particular interpretació (particular, perquè cap altre dirigent d'ERC l'ha fet en un cas semblant) dels mals resultats del 27-M, vam considerar que simplement es tractava d'una estratègia. Ell que volia ser alcalde, segons deia durant la campanya, ha passat a ser l'últim de la llista. "Com puc exigir més poder sense fer el ridícul?", devia pensar. I va concloure que, si amenaçava de passar a l'oposició, li a nirien més al darrere.

Llegint la premsa d'aquests dies, sembla que la cosa tira endavant, que el pas a l'oposició ja està fet, però atenció: quins són els motius. Vaig escoltar l'entrevista de la Mònica Terribas i no en vaig saber entendre cap. En tot cas, va explicar algunes raons per les quals es podia trencar el tripartit de la Generalitat (que em sembla que és més sòlid que el plom), però de l'ajuntament de Barcelona, cap: s'entenen en tot, les polítiques són iguals… Només que l'Hereu les capitalitza més. Però això ja ho sabien quan el van fer alcalde candidat. I té una solució fàcil: l'Hereu li assegura que sortirà més a la tele i ja tenim el Porabella content i lluny de l'oposició.

Per tot això, perguntes òbvies:

¿De veritat, Portabella se n'anirà a loposició després de la reunió de dimarts amb Hereu?

Si hi va, ¿no deurà ser que han trobat una fórmula perquè els qui considerem ERC totalment venuda al PSOE pensem que això ha canviat sense que en realitat hagi canviat res?

I si no hi va, qui podrà creure mai més en cap gest, promesa o paraula d'ERC?      

[@more@]

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Andrés Ginestet homentatja Carl Faust a Blanes

El dia 17 de febrer es va inaugurar al passeig de Mar de Blanes una estàtua de Carl Faust, obra d'Andrés Ginestet. De l'artista polifacèitc Andreu Ginestet ja n'hem parlat en altres ocasions en aquest blog. Carl Faust (Hadamar, Alemanya, 1874 – Blanes, 1952), a més d'un gran mecenes, va ser el creador del Jardí Botànic Marimurtra.

L'obra de Ginestet és, en aquest cas, una escultura de bronze que representa la figura de Faust, de mida natural, assegut en un banc del passeig, a prop de la roca Sa Palomera.

Família Farràs i família Ginestet amb Carl Faust a Blanes

La Dolors i el Jaume amb la Caroline i l'Andreu, al voltant de l'estàtua de Carl Faust   

Els que es vulguin acostar al procés creatiu de Ginestet tenen l'oportunitat de visitar fins al 21 de març l'exposició Blanes recorda Carl Faust. Creació d'una estàtua de bronze, a la Fundació Àngel Planells de Blanes (Casa Burcet, carrer de l'Or, 2), de dilluns a dissabte de les 5 de la tarda a les 8 del vespre.

Es tracta d'una sèrie de fotografies de Carlota Broglia que mostren el procés que l'artista ha seguit per crear la seva obra. 

Ginestet mirant l'estàtua de Carl Faust

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On és el Poble-sec?

Des de la muntanya de Montjuïc a finals del segle XIX es veia aquesta panoràmica de Barcelona. Camps, muralles… Qui juga a trobar-hi diferències amb la Barcelona actual?

Des de Montjuïc (1880)
Barcelona es de Montjuïc (1880)
(Imatge obtinguda a través d'un programa d'intercanvi de fitxers)

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